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Fisoterapia en artritis reumatoide

En el tratamiento de la artritis reumatoide el fisioterapeuta es parte de un equipo interdisciplinario que busca un control integral de la enfermedad, incluyendo al paciente como parte activa en el tratamiento.

Como objetivos principales planteamos el manejo del dolor y de la inflamación, la disminución de las deformidades y la recuperación de la funcionalidad. Para esto recurrimos a ejercicios y medios físicos tanto en fases activas como de remisión y tenemos en cuenta el concepto del equilibrio entre el reposo y el ejercicio, los principios de posición articular y postura, además del mantenimiento de la función de las diferentes articulaciones.

Siempre se debe considerar que los movimientos son esenciales para prevenir la rigidez, pero que la actividad excesiva puede aumentar el dolor y la inflamación. Por esto, en muchos casos el reposo es necesario para aliviar el dolor, sin propasarse, ya que a veces el mismo en forma exagerada puede debilitar los músculos y aumentar la rigidez. Por estas razones se debe tener en cuenta que las articulaciones inflamadas requieren reposo y que éste depende del grado de inflamación. Por otro lado, las articulaciones que están rígidas pero con poco dolor requieren más ejercicio para no perder su estabilidad.

 

¿Por qué se recomienda el ejercicio?

Por medio del ejercicio buscamos principalmente evitar la atrofia muscular, impedir que los ligamentos y los tendones se debiliten y que el cartílago se dañe.

El ejercicio disminuye la rigidez articular logrando la conservación y la recuperación de la función. Gracias a un plan de terapia adecuada se evita el desarrollo de contracturas y espasmos musculares. Además, se previene la aparición de osteoporosis ya que el hueso es un tejido vivo que crece y se regenera; por eso el movimiento mantiene su naturaleza fuerte.

 

¿Cuáles son los ejercicios básicos?

Los ejercicios más recomendados en todo tratamiento de fisioterapia para pacientes con una enfermedad articular inflamatoria son los siguientes:

Ejercicios de estiramiento. Sabiendo que la artritis reduce la capacidad de lograr el movimiento articular en toda su extensión se debe tener como objetivo el reducir la incapacidad funcional; para esto se debe movilizar la articulación lo más posible en forma confortable y luego tratar de extenderla un poco más allá del punto en donde aparece el dolor, sin hacer que éste empeore. Lo ideal en este tipo de ejercicios es movilizar cada articulación del cuerpo en todo su arco de movimiento diariamente, incluyendo las articulaciones inflamadas y teniendo en cuenta que se debe hacer con la mayor suavidad.

Hay que recordar que cuando una articulación está mal alineada debido sólo a una contractura muscular, se puede esperar la restauración de la movilidad articular, siempre y cuando las superficies articulares no se encuentren muy dañadas.

La intensidad y la frecuencia de cada movimiento se deben establecer de acuerdo con la respuesta de la articulación; siempre hay que realizar un programa continuo y progresivo, sin olvidar que los ejercicios se deben practicar en las articulaciones derechas e izquierdas.

Ejercicios de fortalecimiento. Tienen como objetivo aumentar la fuerza muscular para ayudar a las articulaciones a soportar peso, levantar objetos y mantener el movimiento, además de estabilizarlas y minimizar la tensión sobre las mismas.

Como norma en estos ejercicios se deben evitar los movimientos bruscos y rápidos, así como el estrés sobre la articulación que agrava la enfermedad. Debe procurarse no generar dolor, ya que se provocarán contracciones musculares forzadas con la posibilidad de no alcanzar la estimulación requerida para el fortalecimiento muscular.

Ejercicios de resistencia. Tienen efectos benéficos sobre el sistema cardiovascular; deben ser parte de la rutina diaria para promover la capacidad aeróbica. Estos ejercicios no requieren velocidad ni fuerza excesiva y suministran a los músculos el oxígeno necesario para la producción de energía.

Los más recomendados son caminar, montar en bicicleta o nadar, siendo ésta última la actividad preferida por movilizar todas las articulaciones.

 

¿Cuáles son los principios para la realización de ejercicios?
  • En la fase muy aguda de la inflamación articular, se toleran los ejercicios activos suaves, con una a tres repeticiones, una a dos veces por día. En este estado es importante la corrección de la postura para mantener la posición funcional de las articulaciones.
  • La tolerancia de un paciente a un régimen de ejercicios dolorosos requiere una práctica repetitiva.
  • Las metas de los tratamientos de fisioterapia se deben definir con precisión y una vez logradas, se debe reexaminar a los pacientes de modo que se prescriban nuevas metas que requieran ejercicios adicionales y que cambien el régimen, conforme a las nuevas necesidades.
  • Se deben valorar cuidadosamente los efectos que tienen los ejercicios sobre las articulaciones individualmente y sobre las extremidades como un todo.
  • Se debe realizar la rutina de ejercicios por lo menos una vez todos los días y concentrarse en la calidad y no en la cantidad.
  • Si el dolor inducido por el ejercicio dura más de dos horas, hay que revisar el plan de ejercicios, disminuyendo su número o esfuerzo.
  • Lo más recomendable es realizar ejercicios suaves antes de levantarse, para disminuir la rigidez.
  • Hay que evaluar las articulaciones antes de iniciar el programa de terapia, manteniéndolas alineadas y en extensión. Se deben comparar los rangos de movimiento y la posibilidad para realizar los ejercicios entre las articulaciones de ambos lados del cuerpo, tomando como referencia las que estén menos afectadas o no lo estén.
  • Se debe hacer énfasis en el ejercicio de las articulaciones más rígidas y los músculos más débiles. Hay que dar tiempo a los músculos para relajarse entre dos ejercicios e igualmente hay que ejercitarlos cuando se esté menos cansado.

 

¿Qué medios físicos se recomiendan?

Con el fin de buscar la disminución del dolor, la inflamación y la rigidez se recurre principalmente a los siguientes medios:

Calor

Tiene como fin aumentar la extensibilidad de los tejidos, disminuir la rigidez articular, aliviar el dolor, aminorar el espasmo muscular y aumentar el flujo sanguíneo colaborando en la disminución de la inflamación.

Hay varias formas de aplicación.

Compresas calientes: existen compresas disponibles en el comercio. Se recomienda usarlas por un período de 10 a 20 minutos.

Baño de parafina: se utiliza parafina a una temperatura de 51,7°C a 54,5°C. Se usa con más frecuencia para articulaciones pequeñas como las de manos y pies por el método de inmersión, introduciendo por ejemplo la mano en la parafina líquida hasta formar un guante grueso y cubriendo ésta con un plástico o tela de esponja durante 10 a 20 minutos para retener el calor.

Diatermia: la energía se absorbe en el cuerpo y es eficaz para aumentar la temperatura de los tejidos, calentando de forma selectiva y pareja la musculatura y las articulaciones cubiertas por un tejido blando; se recomienda para el tratamiento del espasmo muscular.

Ultrasonido: la corriente eléctrica de alta frecuencia se convierte en energía mecánica mediante un transductor.

Es el agente de calentamiento profundo más eficaz. La temperatura en las articulaciones cubiertas por grandes masas de tejido blando se puede elevar a niveles de tolerancia terapéuticos sin efectos nocivos.

Hidroterapia: por lo general se hace la inmersión en un baño de remolino disminuyendo los efectos de la gravedad. Se dispone además de tanques especiales de poca profundidad y piscinas terapéuticas con el fin de tener un medio confortable para realizar ejercicios articulares.

Baño de contraste: consiste en una inmersión alternante en agua caliente y fría. El agua caliente se mantiene a una temperatura entre 40,6°C y 43,3°C y el agua fría entre 15°C y 20°C; disminuye la rigidez especialmente en los dedos de las manos y los pies.

Frío

Los efectos fisiológicos y terapéuticos constituyen la razón para el uso del frío en la artritis reumatoide.

Los beneficios de la aplicación del frío en una articulación con inflamada se deben a la reducción de la hinchazón y al alivio del dolor mediante el efecto directo sobre las fibras nerviosas. Se aplica principalmente de dos maneras.

Paquete frío: consistente en un gel dentro de una bolsa plástica que conserva el frío. Se recomienda su uso en las articulaciones inflamadas durante 5 a 10 minutos.

Hielo:puede utilizarse en una bolsa plástica o envuelto en una toalla para aplicar sobre la articulación, por un período de 5 a l0 minutos.

Diana Villamil, TF. Fisioterapeuta Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario

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