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Terapia ocupacional en artritis reumatoide

La artritis reumatoide se ha constituido en una de las primeras causas de disfunción en el ser humano, al ser una enfermedad que implica no sólo un compromiso de las estructuras óseas, musculares y articulares, sino además un alto grado de limitación en el desempeño emocional, ocupacional y social.

La terapia ocupacional hace parte del tratamiento integral del paciente con artritis reumatoide y al tener en cuenta su naturaleza crónica, sigue lineamientos básicos orientados a mantener e incrementar habilidades en el paciente que le permitan desarrollar funciones independientes y eficaces en su desempeño diario.

El tratamiento se establece de acuerdo al compromiso funcional y las necesidades del paciente mediante la identificación y la evaluación de hábitos y rutinas que hacen parte de su quehacer diario. Se tienen en cuenta los roles que lo identifican como ser autónomo y productivo, la utilización del tiempo libre, así como las relaciones con su entorno físico y familiar, aspectos que ante la presencia de una enfermedad como la artritis reumatoide, corren el riesgo de verse afectados. Las alternativas de tratamiento que más desarrolla la terapia ocupacional se describen a continuación.

Ferulaje

Las férulas son elementos que permiten la aplicación de fuerzas antideformantes, de acuerdo al compromiso osteoarticular. Se elaboran en diferentes materiales y su uso adecuado busca reducir los procesos inflamatorios, el dolor, la deformidad, el imbalance muscular, prevenir traumatismos en articulaciones inestables, facilitar la recuperación postquirúrgica y mejorar la función de las extremidades.

Férulas en posición funcional o palmeta nocturna. Proporcionan estabilidad cuando las articulaciones de la mano o la muñeca presentan procesos inflamatorios y necesitan reposo. Se coloca la mano en una posición funcional que posteriormente permita su movilización. Su uso es nocturno y durante períodos de descanso.

Férula para desviación cubital. Permite la movilidad de los dedos y por su diseño, proporciona resistencia contra las fuerzas deformantes que favorecen la desviación cubital (hacia el lado) y algunos traumatismos en los dedos. Su uso es continuo y no interfiere en las actividades del paciente. Como toda férula prescrita, requiere de un programa complementario de ejercicios terapéuticos.

Férula para estabilización del pulgar. Permite una óptima función del pulgar, sin restringir el movimiento en los dedos. Disminuye la aparición del dolor y la deformidad en botonera. Su uso es diario.

Férulas para dedos (anillos). Elaboradas de acuerdo a las deformidades más comunes: en “cuello de cisne”, “botonera” y “martillo”. Facilitan la función articular y previenen las contracturas. Su uso es permanente durante la realización de cualquier actividad.

Programa de protección articular y conservación de energía

Son técnicas que enseñan al paciente el manejo adecuado de su cuerpo, con respecto a su actividad diaria y su espacio. Las instrucciones dadas al paciente sobre “la forma de realización de las actividades diarias le permitirá alcanzar mínimas cantidades de estrés sobre las articulaciones involucradas para así reducir el dolor, preservar las estructuras articulares y conservar los recursos físicos” (Melvin, 1995).

Aunque no es fácil cambiar los hábitos en la realización de las actividades cotidianas, es importante que el paciente trate de aprender algunos principios para proteger sus articulaciones y comience a incorporarlos dentro de su estilo de vida.

Consideración hacia el dolor. Es uno de los síntomas más frecuentes y característicos. Ante su aparición es importante que el paciente diferencie entre el dolor ocasionado por una actividad física excesiva y el dolor usual de la enfermedad.

El paciente debe comprender que es necesario detener la actividad y descansar. Si el dolor se prolonga durante más de dos horas, es posible que haya realizado demasiada actividad física.

Balance entre actividad y descanso. Toda actividad que se inicia debe terminarse, pero tomando períodos de descanso que permitan aumentar la resistencia de los músculos. Los períodos de descanso cortos y frecuentes son de mayor beneficio, pero es el paciente quien los determina.

Se deben alternar actividades livianas y pesadas.

Reducir esfuerzos innecesarios. La realización de cualquier actividad involucra un gasto de energía, en algunos casos innecesario y que puede aumentar el deterioro articular; por ello se recomienda el adecuado uso de los segmentos del cuerpo, eliminar las operaciones innecesarias y utilizar herramientas livianas o adaptadas según las necesidades particulares.

Evitar posiciones deformantes. El dolor y la hinchazón provocan en algunos casos una disminución de los movimientos característicos de las articulaciones, y llevan a posiciones que facilitan la aparición de deformidades.

Así mismo, durante las actividades manuales se deben evitar los movimientos repetitivos en dirección hacia el dedo meñique, los de precisión y la presión en los dedos.

En la Figura 4 se indica la forma adecuada de destapar recipientes con tapa de rosca; se deben abrir con la mano derecha y cerrar con la izquierda.

Igualmente debe evitarse colocar las manos debajo de la almohada al dormir o apoyar la cabeza sobre las manos.

Utilizar articulaciones en planos estables, anatómicos y funcionales. Es necesario que el paciente recuerde la buena postura en cualquier actividad diaria, apoyando los segmentos de su cuerpo sobre superficies estables.

Por ejemplo al sentarse debe colocar su espalda totalmente contra el espaldar, descansar las manos sobre las piernas y no dejar descolgar los pies de las sillas.

Así mismo, al levantarse, tiene que empujar su cuerpo con las palmas de las manos y no con los dedos o el puño, estirando sus caderas y rodillas a la vez. Debe evitar una rotación brusca del tronco.

Utilizar articulaciones grandes y fuertes durante cualquier actividad. Son los segmentos que mejor toleran el estrés articular, permiten soportar cargas y pesos; por tal razón, se recomienda utilizar articulaciones como el codo y el hombro o segmentos grandes como el antebrazo, en actividades de transporte de bolsas o paquetes (Figura 6). Al levantar un objeto del piso, la fuerza debe ser realizada por las piernas y no por la espalda.

Evitar una misma posición por largos períodos de tiempo. Se puede producir fatiga muscular, estrés y daño articular por compresión de los segmentos corporales al mantener una posición estática; por ello se recomienda cambiarla cada 20 minutos durante la actividad o según el nivel de tolerancia del paciente.

Se debe evitar cargar y sostener objetos en las manos.

 

Actividades terapéuticas

Son actividades que realiza el paciente con artritis reumatoide bajo la orientación del terapeuta ocupacional. Se manejan diversos materiales, texturas y planos, con características que hacen de la actividad un medio de tratamiento agradable y productivo.

Su realización permite la adquisición de habilidades y destrezas funcionales, la utilización adecuada de las partes del cuerpo más comprometidas, disminuye la aparición de deformidades y síntomas característicos de la artritis reumatoide, como la inflamación y el dolor.

 

Aditamentos y adaptaciones al medio ambiente

Son elementos de ayuda que se utilizan para sustituir una función deteriorada por la enfermedad y permiten la realización satisfactoria de una actividad ya sea de higiene, alimentación, vestido, comunicación o traslado. Los aditamentos permiten una mayor funcionalidad, reduciendo el estrés y el deterioro en las articulaciones, ocasionados por esfuerzos innecesarios.

Así mismo, el terapeuta ocupacional sugiere adaptaciones dentro del ambiente físico del paciente, de acuerdo a sus necesidades. Por ejemplo:

colocación de barandas para escaleras, soportes para el baño, elevación de la altura de sillas o mesas de trabajo, entre otras. Se busca que los espacios cotidianos no se constituyan en obstáculos y por el contrario, permitan lograr una mayor comodidad, funcionalidad e independencia para el paciente.

En resumen, la terapia ocupacional no sólo sirve para compensar las funciones perdidas, sino que busca proporcionar una atención temprana que permita identificar las necesidades del paciente con artritis reumatoide en su vida cotidiana. Sin embargo, ninguno de estos objetivos podrá llevarse a cabo sin el interés y el compromiso del paciente para cumplirlos. Astrith Morales

Barrera, TO. Terapeuta Ocupacional Universidad Nacional de Colombia

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